Por qué, para qué y cómo del Corporate Venturing (I)

Introducción

20180619 Corporate Venturing ISin duda, el Corporate Venturing (CV en adelante) está de moda. En este artículo no me referiré a las inversiones financieras que pueden hacer en start-ups las empresas consolidadas, a fin de obtener plusvalías en un futuro.  Me centraré, en cambio, en cualquier tipo de relación formalizada y mutuamente constructiva, con inversión o sin ella, que puede establecerse entre una empresa consolidada y una o varias start-up. Proliferan cada vez más las incubadoras y aceleradoras que ofrecen su ayuda a las grandes corporaciones y a medianas empresas para concretar ese tipo de relación. El concepto estimula a los directivos de estas organizaciones, empujados a innovar como sea, porque el relato de que quien no innova está muerto se ha impuesto de manera avasalladora. También las escuelas de negocios ofrecen foros, programas y paquetes sobre el tema a empresas y corporaciones para ganar seguidores y adeptos, manteniendo así un networking cotidiano con las fuerzas económicas del país.

Se puede buscar Corporate Venturing en Google o entre los documentos divulgativos producidos por las instituciones anteriores. De forma generalizada, con unas u otras palabras y matices, se encontrarán ahí recomendaciones para que las empresas consolidadas acometan este tipo de iniciativas, basándose en que así obtendrán las siguientes ventajas:

  • Agitar y estimular la cultura corporativa tradicional de la empresa, incorporando un mayor componente de cultura emprendedora.
  • Posibilitar la captura de nuevos talentos, con mentalidades más ágiles, más disruptivas y más frescas tecnológicamente.
  • Potenciar el branding propio entre los stakeholders de la empresa.
  • Incorporar habilidades y capacidades, difíciles de encontrar dentro de la propia organización, para generar nuevos productos y/o acceder a nuevos mercados.
  • Renovar los procesos internos de la empresa, reduciendo sus tiempos de ejecución mediante la aplicación de metodologías ágiles.

Ante esas ventajas, cualquier directivo mínimamente responsable compra inmediatamente el tema -a nadie le amarga un dulce-, y se vuelve a su puesto de mando absolutamente convencido de que hay que lanzar en su empresa un proyecto de CV lo antes posible.

Cuando yo estudiaba Ingeniería, uno de mis profesores solía decir que Toda idea es extraordinariamente fácil hasta que hay que dibujarla a escala. Y ése es precisamente el problema con el que se encuentra nuestro directivo cuando intenta poner en negro sobre blanco lo que quiere hacer. La gestión de la empresa se enfoca a obtener resultados, y cuanto antes mejor. Y las ventajas anteriormente señaladas apuntan en esa dirección, pero en un futuro no acotado. Se refieren a medios más que a fines. Y no se suele concretar la manera en que hay que emplearlas para conseguir el objetivo citado. Faltan pues los instrumentos para hacer el dibujo a escala. En mi opinión, dichos instrumentos hay que buscarlos en los dos entornos en que se desenvuelve la actividad de la empresa: su estrategia competitiva en el mercado (entorno externo) por un lado, y su organización y operación (entorno interno) por el otro. En este artículo me ocuparé del entorno externo. Dejaré el interno para otro próximo.

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¿Necesitan las empresas tradicionales a las startups?

Thomas Friedman en su libro Gracias por llegar tarde (2018), refiere una conversación con Eric Teller, consejero delegado del laboratorio Google X y, entre otras cosas, responsable del proyecto de coche sin conductor de Google (¡poca broma!). En esa conversación tratan del origen del desasosiego que muchos vivimos al rebufo del vertiginoso desarrollo tecnológico actual. Enseguida hablaré de eso, pero antes debo decir que el libro en su conjunto me parece muy recomendable. Eso sí, como en la mayoría de libros americanos, me da la sensación de que se podría decir lo mismo en la mitad o la tercera parte de su extensión. Pero, aun así, creo que vale la pena el esfuerzo de leerlo al completo.

Volvamos ya al tema. En la citada conversación, Teller explica a Friedman, con la ayuda de una gráfica similar a la de la Figura 1 y con todo lujo de detalles –bien aderezados por este último-, un hecho que es bien conocido: la velocidad del desarrollo tecnológico crece exponencialmente con el tiempo (tal como la curva OA de la Figura 1), a consecuencia de la Ley de Moorela capacidad de cálculo de un chip se duplica aproximadamente cada 18 meses, manteniendo su coste de producción.

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Innovation Meet

Participaré como ponente en el III Innovation Meet, en Madrid, organizado por The Knowledge Agents Alliance, la Cámara de Madrid y la Comunidad de Madrid. Más detalles aquí.

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