Una vía para mejorar la resiliencia del tejido empresarial frente a los retos actuales

Panorama general

El sector del taxi ha sido el último que -por el momento, y con una visibilidad más que notable- ha sufrido el impacto de tsunami digital. Ya antes lo habían sufrido otros. En consecuencia, algunos de los agentes clásicos de esos sectores han desaparecido completamente. Y los supervivientes lo han sido gracias a que han sabido transformarse por entero, en un proceso de destrucción constructiva típico de los tiempos actuales. La Tecnología digital, lenta o –según como se mire- muy rápidamente, va impactando uno a uno, sector tras sector. No hay escapatoria. A esta cruda realidad, hay que añadir otros importantes retos que también impactan actualmente en la actividad empresarial y que, en términos generales, se pueden sintetizar en los siguientes:

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¿Necesitan las empresas tradicionales a las startups?

Thomas Friedman en su libro Gracias por llegar tarde (2018), refiere una conversación con Eric Teller, consejero delegado del laboratorio Google X y, entre otras cosas, responsable del proyecto de coche sin conductor de Google (¡poca broma!). En esa conversación tratan del origen del desasosiego que muchos vivimos al rebufo del vertiginoso desarrollo tecnológico actual. Enseguida hablaré de eso, pero antes debo decir que el libro en su conjunto me parece muy recomendable. Eso sí, como en la mayoría de libros americanos, me da la sensación de que se podría decir lo mismo en la mitad o la tercera parte de su extensión. Pero, aun así, creo que vale la pena el esfuerzo de leerlo al completo.

Volvamos ya al tema. En la citada conversación, Teller explica a Friedman, con la ayuda de una gráfica similar a la de la Figura 1 y con todo lujo de detalles –bien aderezados por este último-, un hecho que es bien conocido: la velocidad del desarrollo tecnológico crece exponencialmente con el tiempo (tal como la curva OA de la Figura 1), a consecuencia de la Ley de Moorela capacidad de cálculo de un chip se duplica aproximadamente cada 18 meses, manteniendo su coste de producción.

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