Innovación: moda, realidad y retos

Olas de innovación tecnológicas

Olas de innovación tecnológicas

 

Una consulta en Google el 28 de enero de 2017 de la palabra innovación arroja unos 61 millones de resultados. La misma consulta hecha con innovation produce unos 454 millones de resultados. No hay duda. La innovación está de moda.

Ahora bien, a pesar de la moda actual, la innovación es un fenómeno muy antiguo. Es frecuente considerarla producto específico de la condición humana. Pero lo cierto es que se remonta al origen de la vida, hace unos 3.000 millones de años. Es difícil encontrar algo más esencialmente innovador que el proceso de evolución de las especies, que de unas pocas moléculas ha culminado en el Homo Sapiens. En realidad, pues, la innovación es inherente a la vida misma.

Entonces, si la innovación es tan antigua, ¿por qué antes no se hablaba tanto de ella? La respuesta está en la velocidad en que se produce actualmente la innovación. Pasar del origen de la vida al Homo Sapiens llevó 3.000 millones de años. Hace unos 2,5 millones de años que nuestros antepasados consiguieron producir cuchillos afilando piedras de sílex por uno de sus costados. El paso del sílex de un solo filo como cuchillo, al sílex de dos filos como punta de lanza consumió un millón de años más. En cambio, pasar de los aeroplanos de los hermanos Wright al alunizaje de los Apollo ha llevado solamente unas décadas.

La revolución digital que nos está cambiando la vida se basa en la Ley de Moore, enunciada por este cofundador de Intel en 1965, y que sigue manteniendo su vigencia actualmente. Esta ley  establece que la capacidad de cálculo de un chip de silicio se dobla cada dos años aproximadamente, manteniendo su coste. Crece, por tanto, exponencialmente. Ahí está la clave. Lo digital mueve hoy la innovación. Y la Ley de Moore hace crecer exponencialmente la velocidad de la innovación. Con eso, la cuestión en las empresas, las ciudades y los países no es que ahora tengan que innovar y antes no. Es que ahora tienen que innovar mucho más rápidamente si no quieren perder competitividad, ofrecer una peor calidad de productos y servicios (en definitiva, de calidad de vida) que sus competidores, y quedarse atrás. Y recuérdese que actualmente no sólo compiten las empresas; también lo hacen las ciudades y los países entre sí.

Por otro lado, la innovación se ha venido produciendo tradicionalmente cuando se ha intentado buscar solución a un problema previamente planteado. Primero notábamos que nos apretaba el zapato, y luego buscábamos la manera de evitar el dolor. Pero la tecnología digital ha acelerado exponencialmente la posibilidad de innovación en productos y servicios. En consecuencia, a menudo aparecen soluciones tecnológicas antes incluso de haber identificado los problemas que podrían resolver. Es como inventar primero la tirita y descubrir después que en las heridas puede jugar un papel. Ahora bien, eso no es ni loco ni negativo. Más bien al contrario, es un driver extraordinariamente potente que nos lleva al progreso y el desarrollo actuales. Y es, además, solamente la consecuencia lógica del crecimiento exponencial de la capacidad de introducir innovación que tiene lo digital, como resultado de la Ley de Moore.

De esta manera, mientras siga vigente esa ley, seguirá la aceleración vertiginosa en la necesidad de innovar. Y en este sentido tiene interés señalar que mientras que ya hay consenso sobre su próximo agotamiento, hay también quien apuesta por nuevas vías de aceleración de la capacidad de cálculo, basadas en tecnologías diferentes a las del silicio.

No hay que olvidar, no obstante, que toda innovación tiene siempre efectos colaterales. Algunos de ellos son previsibles. Otros no se manifiestan hasta que la implantación de la innovación ha sido ya tan amplia que resulta imposible o muy difícil la vuelta atrás. Cuando empezaron a circular los primeros coches con motor de explosión, sólo se veían sus ventajas de acortamiento de tiempos de recorrido, y de capacidad de carga y transporte. Nadie entonces vio venir el problema de contaminación urbana que surgiría a medio plazo como su consecuencia directa.

Así, actualmente, el reto fundamental de la innovación exponencial es si seremos capaces de contenerla dentro del contexto en el que las ventajas a corto, medio y largo plazo son razonablemente mayores que los inconvenientes. Y, a juzgar por la Historia, no es un reto en el que siempre hayamos obtenido un éxito claro.

Fernando Rayón
29 Enero 2017

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Innovation Meet

Participaré como ponente en el III Innovation Meet, en Madrid, organizado por The Knowledge Agents Alliance, la Cámara de Madrid y la Comunidad de Madrid. Más detalles aquí.

Una visión de las ciudades inteligentes desde la perspectiva de la gestión del agua

SmartCity TagsLa revista Economía Industrial, del Ministerio de Industria, Energía y Turismo publicó ayer su número 395, dedicado a las ciudades inteligentes que incluye, entre otros, mi artículo Una visión sobre las ciudades inteligentes desde la perspectiva de la gestión del agua.

En este artículo, sostengo que la facilidad de gestión de la información, la reducción de sus costes y los nuevos hábitos sociales participativos van a afectar considerablemente la forma de gestionar los servicios urbanos. Se va a pasar del modelo clásico de gestión independiente y jerarquizada de cada uno de dichos servicios (transporte, energía, telecomunicaciones, agua, residuos…) a otro basado en la gestión integrada de la ciudad, con foco en la calidad de vida de los ciudadanos, la sostenibilidad y la resiliencia de la ciudad.

Para conseguir resultados en esta gestión integrada es imprescindible un modelo colaborativo, con base en la participación, la emprendeduría y la innovación abierta, en el que las iniciativas de venture capital también tienen mucho que aportar.

En el artículo planteo una visión de las Smart Cities en este contexto de gestión integrada de la ciudad, desde la perspectiva del gestor de agua urbana, con el importante papel que está llamado a desempeñar.


Una visión de las ciudades inteligentes desde la perspectiva de la gestión del agua –
CC by-nc-sa –
Fernando Rayon Martin

El ecosistema español de las smart cities

El Dr. Boyd Cohen en su entrada de blog de i-Ambiente se pregunta: ¿Por qué tiene España un ecosistema tan propicio para las Smart Cities?, basando su pregunta en sus propias observaciones:

  1. Es uno de los pocos países del mundo que dispone de una red activa de ciudades trabajando para volverse inteligentes.
  2. Tiene varias ciudades en la vanguardia, y la conferencia anual sobre Smart Cities más importante del mundo.
  3. Tiene un creciente sector académico focalizado en avanzar en la investigación y educación sobre Smart Cities.
  4. Hay más actividades sobre Smart Cities produciéndose en España, un país con 47 millones de habitantes, luchando por salir de la recesión, que en EEUU, un país con más de 300 millones de habitantes, conocido por sus ecosistemas de innovación.

En su entrada, el Dr. Cohen manifiesta estar interesado en conocer las opiniones de sus lectores sobre por qué España tiene este desproporcionadamente grande número de expertos, ciudades y universidades focalizadas en la agenda de las Smart Cities.

Pues bien, en mi opinión, efectivamente hay algunas iniciativas de smart cities muy serias, sólidas, solventes y con posibilidad cierta de resultados tangibles en España, todas ellas bien conocidas del Dr. Cohen. Pero la desproporción que él y muchos otros percibimos, me recuerda el famoso y significativo Nosotros en EEUU no nos lo podríamos permitir, que pronunció Mr. Obama cuando le mostraron el desarrollo que estaba alcanzando el AVE en España (muy en línea, por otra parte, con la observación 4 del Dr. Cohen citada anteriormente).

Por ello, me da por pensar si las razones de dicha desproporción no serán de tipo tecnológico ni urbanístico ni académico, sino más bien de tipo idiosincrático.

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