Capacidad de adaptación e innovación: una mirada a retos futuros

Les Gorges du Tarn

Es evidente que los retos planetarios que tenemos por delante son de envergadura:  desequilibrios económicos y sociales con una población rápidamente creciente y en un contexto de incremento de desigualdad; amenazas al precario balance agua-energía-alimentación; deterioro ambiental, cambio climático…Todos ellos, además, muestran una irresistible tendencia a empeorar rápidamente si no se toman las adecuadas medidas en el corto plazo.

Cuando uno se para a pensar en ello, existe la posibilidad del desánimo. Por el contrario, yo creo que nos ha tocado vivir una época apasionante y prodigiosa, precisamente porque tenemos en nuestras manos la posibilidad de dar la vuelta a todos esos retos, e incluso a otros que puedan venir.

Hace ya 2500 años que Heráclito dijo aquello de que no podemos bañarnos dos veces en el mismo río, puesto que ni el río ni nosotros seríamos los mismos. Él ya tenía claro (a pesar de que le apodaban El Oscuro) que el cambio preside y rige nuestras vidas, incluso en algo tan cotidiano como nuestra relación con el agua. Todo a nuestro alrededor cambia, y eso nos produce a veces incertidumbre y desasosiego.

Hemos aprendido sin embargo a hacer del cambio una ventaja competitiva. Así, desde que descubrimos cómo hacer un cuchillo afilando el canto de una piedra, hasta que se nos ocurrió afilar la piedra por ambos lados para hacer una punta de lanza, transcurrió casi un millón de años. Pero ahora todo es diferente. Un modelo como la Enciclopaedia Britannica impresa, de 250 años de antigüedad y por la que yo sentía una gran pasión, ha sido volatilizado en tan sólo unos pocos meses por sus homólogas electrónicas. Y así tantos y tantos otros bienes, servicios y costumbres que han sucumbido bajo el tsunami de Internet y la economía digital. Pero no se trata de un proceso exclusivamente destructivo. Nuevos modelos más eficientes, de mayor calidad y, sobre todo,  susceptibles de ser empleados con ventaja y economía por un número mucho mayor de personas, remplazan y mejoran sin descanso los que se van quedando obsoletos.

Buckminster Fuller observó en 1981 que el conocimiento que había acumulado nuestra especie hasta el comienzo de nuestra era se dobló en 1500 años, es decir, a inicios del siglo XVI. Se volvió a doblar después en 250 años, en 1750, y así sucesivamente hasta que al final de la II Guerra Mundial se doblaba cada 25 años. Pero cuando Fuller publicó sus hallazgos no existía aún la web, ni los PCs, ni los smartphones, ni las wikis, ni los googles... Y así, hoy se considera que el conocimiento acumulado se dobla cada 18 meses, más o menos. Eso quiere decir que, como especie y de mantenerse este ritmo, actualmente sabemos menos del 10% de lo que sabremos dentro de 10 años…

Ahora el cambio es tan evidente en todo, y tan instantáneamente continuo, que nadie osaría llamar a un Heráclito de hoy El Oscuro. Y, por volver al agua, parece como si estuviéramos viviendo en medio de una corriente brava y turbulenta que nos arrastra a gran velocidad. Pero hemos aprendido y nos hemos dotado de conocimiento y herramientas capaces de introducir cambios aún más rápidamente.

En mi primer descenso en kayak, hace años, en Les Gorges du Tarn, el monitor me advirtió muy severo: si quieres llegar a tu objetivo evitando que la corriente te arrastre donde ella quiera, tienes que ir más rápido que la propia corriente. Sólo así podrás controlar la dirección que tomará la embarcación. Y, efectivamente, ése era el truco. Y lo es también actualmente. La superación de nuestros retos, en un mundo fuertemente cambiante, pasa inevitablemente por la generación continua de innovación disruptiva y más audaz que los propios cambios del entorno. Para ello tenemos la habilidad, la capacidad y las herramientas necesarias y, como en la vieja canción, the best is yet to come.

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