Apalancamiento mercantil

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En estos tiempos de crisis galopante, uno de los problemas más importantes que tienen las empresas (sobre todo PYMES y pequeños emprendedores) es el de la falta de financiación. Como cualquier economista o empresario sabe, la financiación externa es un elemento fundamental para potenciar el funcionamiento de la empresa y hacerla crecer. La faculta -entre otras cosas- para poder contar con los medios necesarios para producir los bienes con cuyas ventas recibirá unos ingresos que le permitirán devolver a posteriori la financiación recibida y generar beneficios.

"Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo"

“Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo”

La potenciación del funcionamiento de la empresa que aporta la financiación externa es tan grande que se ha hecho el símil de la palanca, en línea con lo que decía Arquímedes: dadme un punto de apoyo y moveré el mundo. Y por ello, a este efecto potenciador de la financiación se le denomina comúnmente en el lenguaje empresarial y contable como apalancamiento financiero.

En circunstancias normales (es evidente que ahora no estamos en esta normalidad, aunque es de esperar que algún día volverá), apalancar financieramente a las empresas para potenciar su funcionamiento es una de las actividades cotidianas de los bancos, que realizan a través de préstamos y otros instrumentos de diversa naturaleza.

Este tipo de apalancamiento se da en las empresas y en las pequeñas actividades mercantiles desde que existen los bancos, y forma parte natural y tradicional del modelo clásico de negocio de estas últimas entidades.

En el contexto de PYMES y pequeños emprendedores, conseguir apalancarse de esta manera pasa, en la generalidad de los casos, por solicitar un préstamo a un banco. Tradicionalmente, las PYMES y los pequeños emprendedores han acometido negocios y actividades de marcado carácter local, o muy limitado geográficamente, al menos inicialmente. En estos casos, para los bancos es relativamente fácil analizar la viabilidad del negocio para el que se solicita el préstamo, puesto que basta con analizar un mercado muy local y por ello mismo muy conocido. Pero con la irrupción de Internet, todo cambia. Aquí, la mayoría de los emprendedores y de start-ups pretenden hacer una relativamente poco costosa inversión local. Pero aspiran a un negocio global. Con ello, el mercado se amplía extraordinariamente, y su conocimiento y acceso se complica. Así, los emprendedores y start-ups de negocios orientados a Internet pueden tener una magnífica idea de negocio e incluso un producto competitivo. Pero tienen dos dificultades: por un lado no suelen tener conocimiento del mercado global ni capacidad de acceder a él por sus propios medios y, por el otro, es muy difícil que cuando solicitan el préstamo al banco éste pueda valorar la respuesta real de ese mercado, difícil de prever dadas su magnitud y características.

Y es aquí donde me gustaría introducir el concepto de “apalancamiento mercantil”. No he sabido encontrar trazas de la existencia de esta denominación ni del concepto asociado en los buscadores habituales (Google,…). Pero como es natural, tampoco me quiero arrogar su invención. No sólo porque soy de natural discreto y porque hoy día todo está ya inventado, sino también porque el concepto es de una lógica tan aplastante que ya se está aplicando. De hecho forma parte de nuestra estrategia de innovación de negocio en Agbar, lo que incluye, entre otros, la paricipación en la iniciativa  INNVIERTE  del CDTI, que propone un objetivo similar. Así, lo único que pasa es que no se ha verbalizado en un término concreto (o al menos yo no lo he sabido encontrar). Y si éste es el caso, ya desde la Biblia (En el principio el hombre dio nombre a todas las cosas…) sabemos que todo progreso necesita mucho una definición nominal inicial.

El grande apalanca al pequeño

El grande apalanca al pequeño

El tema es el siguiente: igual que los bancos aportan apalancamiento financiero a las empresas para que puedan crecer, las nuevas PYMES y emprendedores asociados a Internet necesitan de otras empresas que les aporten apalancamiento mercantil, en el sentido de facilitarles la llegada al mercado, aportándoles sus conocimientos de mercado y sus redes comerciales, y aportándoles quizás también apalancamiento operativo, no en el sentido contable del término, que también existe, sino en el sentido de poner a su disposición activos estructurales o intangibles que puedan ayudar (apalancar) el mejor desarrollo de las operaciones de la nueva start-up.

Cuando este apalancamiento mercantil se produce, además, resulta también más fácil para el banco analizar el proyecto y responder favorablemente a su financiación, puesto que la presencia de la empresa apalancadora es para él también una garantía adicional.

En este sentido, el caso de las utilities es especialmente interesante. Efectivamente, estas empresas suelen actuar en un mercado muy amplio, muchas veces internacional. Y por tanto, tienen un conocimiento mercantil profundo. Además, debido a que muchas de ellas tienen su origen en antiguas empresas públicas y están sometidas a precios regulados, suelen tener una cultura empresarial alejada de la vigente en la economía digital, el entrepreneurship y la innovación digital, que es mucho más colaborativa, más ágil, más rabiosamente competitiva, más inestable; pero con un potencial de desarrollo enorme en el entorno de los negocios futuros. Por ello, cuando las utilities apalancan mercantilmente a start-ups del negocio digital, el beneficio fluye en los dos sentidos:

  • Por un lado, la start-up recibe el apalancamiento mercantil y operativo (a veces complementado por el financiero, también desde la propias utility) que necesita para acceder a mercados globales, difíciles o desconocidos para ellas si los tienen que enfrentar solas. En caso de que la utility no aporte también financiación, de todos modos su presencia también facilita el apalancamiento financiero por parte de los bancos
  • Hacer crecer el negocio para todos

    Hacer crecer el negocio para todos

    Por el otro lado, si la utility elige adecuadamente a la start-up, obtendrá resultados de negocio: bien porque la start-up le aporta una nueva tecnología para sus procesos tradicionales, bien porque le aporta un nuevo producto para sus clientes tradicionales o nuevos, bien porque le aporta prestigio (y con ello más ventas) u otros activos intangibles. Además, la utility mantiene durante la etapa de apalancamiento mercantil un contacto de mestizaje con una cultura empresarial más fresca, que sin duda va a ayudar a que su propia cultura evolucione hacia otra potencialmente más exitosa en un mundo en que la economía digital irá ganando cada vez más posiciones a la tradicional. En este sentido, vale decir que, en general, conviene evitar normalizar a la start-up, es decir introducir en ella los procedimientos burocráticos de la utility, puesto que en caso de hacerlo los efectos beneficiosos del mestizaje morirán en el intento posiblemente antes de nacer.

Este apalancamiento mercantil y operativo se puede materializar formalmente a través de un acuerdo de alianza estratégica entre ambas entidades, o de cualquier otra forma de asociación, incluyendo opcionalmente la participación por parte de la utility en el capital social de la start-up. Cada caso concreto deberá recibir una atención especial para elegir el modelo más adecuado, en el que en todo caso se deberá respetar el famoso criterio win-win, es decir, el que garantiza que ambas partes salen ganando con la operación.

Coexistencia y mutua influencia de culturas empresariales diferentes

Coexistencia y mutua influencia de culturas empresariales diferentes

Es evidente que en los tiempos actuales el modelo tipo entrepreneurship de las start-ups está en expansión acelerada. De hecho, se trata de un modelo fuertemente vinculado a las maneras de la economía digital y por eso triunfa en este contexto. Pero la actual crisis económica está también socavando los cimientos de lo que eran los contratos laborales de toda la vida. Y ello hace que la cultura del entrepreneurship se vaya expandiendo por partida doble. Si unimos esto al declive que se percibe en los modelos de negocio tradicionales de las utilities, la opción de mezclar las culturas de unos y otros tiene puntos para originar una nueva cultura empresarial más sólida para enfrentar los tiempos líquidos en que nos encontramos y que, si a su vez evolucionan, es seguro que lo harán en dirección al estado gaseoso

Con todo lo anterior, no sé si se ha notado, pero soy un ferviente defensor del apalancamiento mercantil y operativo. Veo muchas oportunidades en ello, y día a día intento aplicarlo dondequiera que voy. No obstante, es un criterio innovador y como tal encuentra resistencias, tanto mayores cuanto más antigua y más sólida es la cultura preexistente. La única forma de salvarlas es identificando proyectos cada vez más atractivos, más productivos, más rentables, que pongan de manifiesto más claramente las ventajas del modelo.

Invito pues a todo aquél que pase por aquí y que coincida conmigo de alguna manera en esta visión, a compartir ideas y proyectos que podamos desarrollar bajo este concepto.

Safe Creative #1301134338472

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