Smart city en contexto (1). Competitividad (1ª parte): las empresas

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Las ciudades son hoy día la base del poder en el mundo, el centro de generación y gestión de la actividad económica y la fuente principal de problemas y de soluciones de todo tipo. Recientemente se ha traspasado el nivel del 50% de la población mundial viviendo en ciudades, y esta cuota no para de crecer. Las ciudades son por tanto el foco de atención para toda cuestión de trascendencia social, económica, política y ambiental, y cada vez lo serán más.

Esta gran atención creciente a las ciudades tiene su paralelismo en el concepto smart city. En 19/08/2012 al buscar smart city en www.google.es, se obtenían 401 millones de resultados. Haciendo esa misma búsqueda tal día como hoy (24/11/2012),  cuando apenas han pasado 3 meses, se obtienen 810 millones de resultados…¡sobran las palabras!

A fecha de hoy no existe un artículo en la Wikipedia en español para este concepto (ni tampoco para su traducción más frecuente: ciudad inteligente). Pero puede consultarse en la Wikipedia en inglés, todavía con algunas carencias, pero con aportaciones valiosas para hacerse una idea general.

En todo caso, y como ya vimos en un artículo anterior, el de smart city es un concepto elástico, que se extiende a prácticamente a todos los ámbitos de la actividad  urbana. No se trata de un concepto bien delimitado y cada uno lo utiliza un poco según sus criterios personales. Eso sí: hay acuerdo general en que tiene que ver con el empleo de las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC en lo sucesivo) para mejorar el funcionamiento, la sostenibilidad, y la calidad de vida en las ciudades.

En mi opinión, como vimos también en el artículo citado, la mejor y mayor aportación de este concepto tiene que ver con la competitividad. Una competitividad que empuja a mejorar tanto a los demandantes de soluciones (ciudadanos y gestores responsables de la ciudad) como a sus potenciales aportadores (empresas TIC, proveedores de servicios, emprendedores) … y también los propios ciudadanos. En este artículo plantearé algunas reflexiones personales sobre qué representa para cada uno de estos actores la competitividad asociada al concepto smart city y qué buscan y qué esperan cada uno de ellos con dicho concepto.

Veamos primero el caso de las empresas TIC. No es novedad el enorme desarrollo que han tenido en los últimos tiempos las tecnologías de la información y las telecomunicaciones, tanto en hard como en soft. En el futuro, el potencial de crecimiento es exponencial en muchos campos. Por consiguiente, existe un potencial de oferta TIC que llama a una demanda suficientemente grande que le permita efectivamente crecer: las empresas TIC están por tanto muy interesadas en que el concepto smart city se desarrolle cuanto más mejor. Por otra parte, muchos de los problemas asociados a la gestión de los recursos que una ciudad necesita (materia, energía e infomación) encuentran soluciones competentes en las posibilidades de los sistemas digitales: desde la optimización del consumo energético, hasta la gestión eficiente de las vicisitudes sanitarias de los ciudadanos; desde la entrega en tiempo real de la mejor información a los conductores para evitar congestiones y tiempos muertos, hasta la presentación personalizada y geolocalizada de ofertas comerciales; desde la logística del transporte y entrega de mercancías, hasta la gestión del agua y los residuos sólidos, etc. Por tanto, la smart city estimula la competitividad de las empresas TIC, que investigan y desarrollan avanzados sistemas para ser los primeros en encontrar ciudades deseosas de implantarlos para mejorar significativamente su funcionamiento y la calidad de vida de sus ciudadanos y visitantes.

En este contexto hay un dilema que recuerda al del huevo y la gallina. No es fácil discernir qué va antes, si las ingentes cantidades de datos digitales que generan hoy día las ciudades (servicios, infraestructuras, actividades,…) y los ciudadanos (redes sociales, e-commerce,…), o la capacidad de almacenamiento y gestión que aportan hoy tecnologías como Cloud ComputingBig Data, además a bajo coste relativo, y que permiten una mejor gestión urbana y una toma de decisiones más acertadas. Lo que es claro es que ambas cosas se realimentan y potencian mutuamente, lo que provocará su crecimiento exponencial en el futuro próximo. El advenimiento masivo de nuevas fuentes de datos que porporcionará el Internet de las cosas va además en la misma dirección.

Fig.1.- Necesidades crecientes de hard y soft en las smart cities

En la Fig. 1 muestro mi visión del ciclo de realimentación que se origina: la generación de mayor volúmen de datos genera mayores necesidades de hard y soft. Los resultados que con ello se obtienen permiten mejorar la vida en la ciudad e imaginar, al tiempo, nuevas posibilidades de análisis. Materializar estas posibilidades exige a su vez nuevos datos, y así indefinidamente… hasta el próximo cambio de paradigma tecnológico.

Esta realimentación incentiva un bucle de competitividad también realimentado. Así, los gestores urbanos quieren cada vez herramientas más sofisticadas que permitan decisiones más acertadas para mejorar su ciudad y hacerla la más atractiva. Y para darles soluciones, por su parte, las empresas TIC compiten entre ellas para conseguir las herramientas más eficientes posibles.

Veamos a continuación el caso de los operadores de servicios urbanos (agua, gas, electricidad, telecomunicaciones, movilidad, residuos, etc.). Todos estos servicios han venido incorporando regularmente sistemas y herramientas informáticos para mejorar la calidad de los servicios prestados, incrementar su eficiencia operativa y disminuir el impacto ambiental de los servicios prestados. Pero los nuevos desarrollos tecnológicos les permiten avanzar mucho más en esas líneas, al poder contar con nuevos y más baratos sensores de muy diferentes magnitudes físicas y químicas, con cloud computing y big data, con la geolocalización, con la utilización de crowdsourcing y crowdsensing, etc.

Ahora bien, todo esto se inscribe en el tradicional modelo vertical, en la que cada prestador de un servicio tiene una clara percepción de lo que ocurre en su propio servicio, pero muy limitada información de lo que sucede en los demás. Y ello por la evidente necesidad de especialización, por un lado, pero también por la imposibilidad tecnológica de ir más allá…hasta hoy…

Efectivamente, las capacidades de los nuevos desarrollos tecnológicos posibilitan en la smart city una visión complementaria y transversal, que permite una gestión mucho más eficiente y segura de cada uno de los servicios, gracias a una visión integrada de todos ellos y de sus posibles interacciones. Más allá de las ventajas que esto representa para los gestores de servicios urbanos específicos, también da a los gestores urbanos y a los propios ciudadanos la posibilidad de contar con una imagen de la ciudad mucho más próxima a la realidad que la que se tiene hoy por mera agregación de la información aislada de los diferentes servicios. Esta posibilidad se concreta en lo que se suele conocer por plataforma integrada de servicios urbanos, a la que, por su trascendencia, dedicaré próximamente un artículo completo de esta serie.

En esta línea de smart city, por tanto, los servicios urbanos se ven empujados a incorporar la transversalidad con los otros servicios y con la posibilidad de gestionar mucho mejor las correspondientes interacciones entre ellos. Ello redundará en una mejor gestión de la ciudad como un todo, puesto que no sólo se mejorará en eficiencia, sostenibilidad y calidad de vida, sino también en seguridad, ya que las afectaciones más graves a la vida de la ciudad suelen producirse como consecuencia de interacciones circunstanciales negativas entre dos o más servicios.

Y esta posibilidad pondrá de actualidad (ya lo está haciendo) el concepto de resiliencia, es decir, la capacidad de reacción de los distintos sistemas urbanos frente a sucesos imprevistos y desastres de todo tipo. Y lo hará porque un adecuado enfoque de los estudios de resiliencia exige contemplar de manera integrada todos los sistemas y servicios urbanos, por lo ya indicado de que los desastres rara vez son causa o consecuencia de un fallo en un solo sistema o servicio.

Es claro, por tanto, que bajo esta visión transversal de los servicios urbanos, los prestadores de dichos servicios tenderán a ampliar su enfoque hacia la propia ciudad como un sistema de sistemas, más allá de su visión tradicional, exclusivamente centrada en su servicio específico. En consecuencia, impulsados por el efecto smart city, los prestadores de servicios urbanos conscientes ya están mejorando su competitividad innovando con nuevos modelos de gestión y una cultura más abierta, que les posicionan más como gestores de ciudad que como gestores de un servicio específico.

Desde luego, este enfoque innovador es el que estamos desarrollando en Agbar/Aqualogy, con una visión abierta y colaborativa, al tratarse de un enfoque transversal en un tema tan complejo y amplio como es la ciudad. Este enfoque comporta estrechar las alianzas con otras empresas líderes en sus sectores de actividad. Pero también exige comprender mejor y más ampliamente las necesidades de los ciudadanos, y abrir un espacio de colaboración con los emprendedores, que aportan una cultura ágil e innovadora y una capacidad de acción viral en el entorno de Internet.

En esta primera parte del capítulo de competitividad asociada al concepto de smart city he seguido un enfoque de arriba a abajo (top-down). Este enfoque va del desarrollo de la tecnología y sus consecuencias, a su impacto en la gestión de la ciudad. En una próxima segunda parte completaré este análisis con un enfoque de abajo a arriba (bottom-up), es decir partiendo de las necesidades propias de los ciudadanos y de lo que ellos esperan de la smart city.

Entre tanto,  invito calurosamente al internauta que pase por aquí a que nos deje sus comentarios y apreciaciones.

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