Crowdfunding en contexto

Según Wikipedia:

Financiación en masa (del inglés crowdfunding), también denominada financiación colectiva, microfinanciación colectiva, y micromecenazgo, es la cooperación colectiva, llevada a cabo por personas que realizan una red para conseguir dinero u otros recursos, se suele utilizar Internet para financiar esfuerzos e iniciativas de otras personas u organizaciones.

En la misma línea que el crowdsourcing, la aparición y expansión de las redes sociales ha facilitado enormemente este modelo de financiación por la gente, que está interesada en que un determinado proyecto se desarrolle y llegue a buen fin. En www.universocrowdfunding.com pueden encontrarse más detalles sobre esta forma de financiación.

También igual que el crowdsourcing, este concepto es poco conocido en España en los ámbitos de la economía industrial y la administración pública no directamente relacionada con la economía digital. Pero existen modelos de éxito claro en la economía digital, relacionados sobre todo con el mundo del arte y el multimedia (www.kickstarter.com, www.verkami.com,  etc.)

En todo caso, es claro que el crowdfunding no es un invento de Internet. En la vieja economía, la administración pública ha recurrido muchas veces a modelos semejantes: el caso de las concesiones de infraestructuras es un ejemplo típico: En la construcción de autopistas, por ejemplo, muchas veces la Administración corre con todos los costes directamente (aunque luego los recupere vía impuestos), y los usuarios las disfrutan completamente gratis. Otras veces, en cambio y según criterios distributivos no siempre evidentes, decide implantar peajes, y son los propios usuarios los que pagan directamente y poco a poco los costes totales (incluidos los financieros) al atravesar las barreras. Y desde luego, no hace falta ir más lejos: todas las formas de impuestos son también, de alguna manera, variedades de crowdfunding.

En todos estos casos, es clara la aplicación del criterio básico del crowdfunding: muchos pagan poco…pero la suma final es grande y suficiente para un proyecto de apreciable envergadura.

En los últimos años, la crisis económica ha inducido a gobiernos de cualquier pelaje o coordenadas GPS a hacer un uso intensivo del concepto, aunque muchas veces bajo otras denominaciones. ¿O es que subir el IVA a todo el mundo para reducir el déficit público no es una forma de crowdfunding?

Pues sí y no. Sí lo es, en el sentido de que el importe unitario es pequeño y se distribuye entre un gran número de personas, lo que genera un monto total importante. Pero no lo es con el sentido que se le da a este concepto en la economía digital. En ésta, el crowdfunding tiene una característica fundamental que -aunque no está explícita en la definición de la Wikipedia- siempre es de obligado cumplimiento: es el propio pagano, en su caso, el que decide convertirse o no en crowdfunder. Nadie puede obligarlo a ello. Es su decisión personal, intransferible e incuestionable. Y por tanto, la subida del IVA no es crowdfunding en sentido estricto (digital, diríamos), aunque se le parezca mucho por aquello del muchos pagan poco… indicado anteriormente.

Así que podríamos decir que tenemos dos clases diferentes de crowdfunding:

  • El que podríamos llamar crowdfunding genuino, en el que el potencial crowdfunder decide libremente serlo o no, es decir, decide libremente contribuir con su dinero o no al proyecto. Esta es la clase vigente en la economía digital, y
  • El crowdfunding obligado, en el que la regulación vigente obliga formalmente a determinados colectivos a actuar como crowdfunders, independientemente de cuál sea su propia voluntad. Esta es la clase más común en la vieja economía, y suele ir asociado sobre todo a iniciativas de la administración pública.

Como es lógico, el que aquí nos interesa más, es el genuino. Y en éste, para que un ciudadano decida libremente convertirse en crowdfunder (a no ser que sea estúpido de solemnidad o que haya sido directamente engañado), tiene que percibir claramente un beneficio en hacerlo así: o bien para él es una inversión que cree va a recuperar incrementada en el futuro, o bien cree que le aporta un bien o un servicio a menor coste que el canal convencional, o bien le alimenta su ego en forma de reconocimiento social, o figura similar.

Cuando una o más de estas circunstancias se dan, y con efectos en un gran número de personas, existen indicios suficientes de aplicabilidad de un modelo de crowdfunding. Y por tanto, este modelo de financiación debe ser analizado y puede ser tan válido como cualquier otro, aisladamente o en conjunción con otro.

Como hemos visto, el modelo genuino no tiene hoy día prácticamente aplicación en la vieja economía, ni por parte de la administración, ni de las empresas. Pero constituye claramente una opción, especialmente más importante cuanto más vayan entrando las maneras de la economía digital en la vieja economía, y cuanto más larga sea la falta actual de disponibilidad de recursos financieros por empresas y administraciones. Eso sí, hay que respetar a rajatabla el criterio que hace que el modelo de crowdfunding sea genuino: la voluntad imprescindible del crowdfunder. En ese caso, vale aquí todo lo dicho en un artículo anterior sobre la inclusión de la cuarta P (People) en los modelos de Public-Private Partnership (PPP).

Conviene pues que Administraciones y empresas de la vieja economía empiecen a analizar las posibilidades de esta modalidad de financiación, al mismo tiempo que refuerzan la entrada de las otras maneras de la economía digital en sus procesos.

Finalmente, conviene señalar también que existen otros modelos en los que se aplica el criterio del muchos pagan poco y viabilizan un proyecto de envergadura y que tienen una fuerte presencia en la economía digital. Estos modelos tienen mucho que ver con la gran escalabilidad que presentan muchos de los modelos de negocio basados en Internet. Por ello, dedicaremos a la escalabilidad un futuro artículo.

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