Mestizaje digito-industrial y emprendeduría (I)

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Es común la idea de que muchos de los grandes avances culturales y socioeconómicos de la humanidad se han producido como consecuencia del mestizaje de grupos humanos diferentes. Suelen ponerse como ejemplos típicos la antigua Grecia y los más actuales Estados Unidos de América. Lo contrario también es cierto, y es bien conocido el efecto degenerativo que acompaña a la consanguinidad, a la mezcla de lo igual con lo igual.

No cabe esperar grandes logros de la monotonía que acompaña a la mezcla de lo homogéneo. En cambio, la mezcla de lo diferente, cuando menos, genera efectos inesperados. Algunos serán completamente monstruosos y desastrosos, y morirán casi antes de nacer. Pero otros constituirán un desafío real y posibilista al statu quo vigente y representarán una posibilidad cierta de producir un avance significativo.

Estamos en crisis. No hay duda. Y no es una crisis económica exclusivamente. Es una crisis global. Se caen los modelos clásicos en todos los ámbitos: económico, político, social y medioambiental. En este contexto, hay quien proclama el fin del mundo, o del capitalismo, o de lo que sea: el fin, al fin y al cabo, valga la redundancia. También hay quien ve una oportunidad para un cambio drástico de modelo que nos lleve a un estadio de desarrollo superior, como es evidente que ha pasado anteriormente tras grandes crisis en la historia de la humanidad.

Mi posición personal es de escepticismo. Creo que la situación, a nivel planetario, es grave o muy grave. Y, declaraciones grandilocuentes y populistas de personajes y personajillos aparte, la realidad es que no veo que haya una conciencia de los problemas suficientemente sólida, extendida y asumida. Y no veo que se tenga una percepción clara de lo apremiante de la situación. Desgraciadamente, el colectivo más amplio de la población nos hemos acostumbrado demasiado a aceptar que los intereses personales, partidistas y grupales prevalezcan sobre los objetivos planetarios, de la humanidad como un todo. No parece desde luego que se esté destinando el esfuerzo programado necesario para la renovación total que la situación exige a gritos desde hace ya tiempo. De esta forma, cada vez queda menos tiempo para que esa renovación sea factible, posible y exitosa.

No obstante, quiero comentar aquí dos circunstancias que, entre otras,  me empujan diariamente a pensar que el éxito es posible, y que hay que buscarlo a toda costa, precisamente porque aún es posible. Y esas circunstancias son la increíble expansión de la economía digital basada en Internet (economía digital a secas de aquí en adelante), y el fenómeno emergente de la emprendeduría que lleva asociado en buena parte.

En este artículo, me referiré a la gran ayuda que la economía digital puede aportar en un contexto favorable de mestizaje para encontrar nuevas soluciones, y en un artículo posterior comentaré acerca del fenómeno emergente de la emprendeduría.

En un artículo anterior vimos cómo la economía digital acaba con los modelos clásicos de financiación, producción y comercialización de la economía industrial. Y acaba con ellos sin cuento, cambiando radicalmente el modelo, en un típico caso de innovación absolutamente disruptiva. Hemos visto también, en otro artículo en este blog, un ejemplo de los muchos que hay sobre cómo un par de amigos con recursos extraordinariamente escasos en comparación con las consecuencias, y en tiempos récord, pueden acabar con modelos de negocio más que centenarios, aplicando las maneras de la economía digital.

Esta capacidad innovadora de la economía digital, es la que me hace creer en la posibilidad de un salto cualitativo positivo y trascendental en nuestro actual modelo de desarrollo. Precisamente por su capacidad disruptiva, de cambio total de modelo. Es imprescindible, eso sí, un mayor y más efectivo mestizaje  de la economía digital con la economía industrial clásica, especialmente en las actividades más puramente industriales: las relacionadas con las infraestructuras y con la producción de bienes físicos (bienes de equipo y de consumo).

Efectivamente, hasta hoy, el éxito y la expansión de la economía digital se ha producido sobre todo en el ámbito de los servicios. Queda pendiente otra revolución digital: la de la entrada de la economía digital en las actividades más puramente industriales, como hemos indicado antes. En estos sectores, lo digital entró hace tiempo en sus ámbitos tecnológicos (métodos y sistemas digitales de planificación, monitorización, cálculo, diseño, robótica y mecanización de procesos,…). Pero ha tenido hasta ahora muy escasa incidencia en sus modelos de negocio, que siguen funcionando con sus modelos tradicionales (cuanto más grande la empresa, más difícil evolucionar su modelo de negocio), con la exclusiva y notable excepción del comercio electrónico, que por otra parte no deja de ser la actividad de servicios al final de la cadena de la producción industrial.

La dificultad de entrada de las maneras de la economía digial en el ámbito industrial productivo se debe en gran medida a que la mayor parte de las actividades asociadas a los servicios tienen que ver con la gestión de información, que es indudablemente el punto fuerte de la economía digital. En cambio, las actividades más puramente industriales tienen que ver con la producción y procesado de bienes físicos, en absoluto susceptibles de viajar a la velocidad de la luz ni de ser almacenados y procesados en chips minúsculos. De ahí la barrera de entrada a las maneras de la economía digital en el mundo industrial.

Rasgos de inmigrantes y nativos digitales

Esa barrera es, pues, muy clara y contundente. Pero, en mi opinión, existe otra barrera fundamental que está impidiendo la entrada masiva de la economía digital en el ámbito industrial, especialmente desde el punto de vista del modelo de negocio: la que se da entre los nativos y los inmigrantes digitales. Obsérvese que los primeros están más orientados a los servicios y actividades relacionadas con la información: audiovisuales, juegos, modelos de negocio basados en gestión de información digitalizada, en general. Y los segundos, por edad, incluyen a la gran mayoría de los actuales directivos de las empresas industriales y de los responsables senior de las administraciones públicas. No existe todavía, también por edad y cultura, un buen mestizaje entre estos dos colectivos. Es claro que fomentarlo haría irrumpir las maneras de la economía digital en los modelos clásicos industriales y de la administración pública, renovando completamente sus tradicionales prácticas en la financiación, la producción, la distribución, gestión y comercialización de los bienes materiales, ya sean éstos infraestructuras, bienes de equipo o bienes de consumo. Es claro también que a medida que los nativos digitales vayan ocupando puestos de responsabilidad en las empresas industriales clásicas, también la economía digital se irá infiltrando en sus modelos de negocio. El riesgo existe, no obstante, de que los nativos digitales se concentren demasiado exclusivamente en las actividades más próximas a la economía digital (a los servicios, por tanto), y pierdan interés por las actividades productivas clásicas…Y no debemos olvidar que estas actividades pueden parecer ahora poco modernas, pero son la base fundamental sobre la que se apoya el funcionamiento del mundo. Y dada la naturaleza fuertemente dependiente de las cosas del hombre, no es previsible que esto vaya a cambiar.

Es preciso, por tanto, fomentar el mestizaje entre ambas culturas, entre los nativos y los inmigrantes digitales, buscando su integración efectiva cuanto antes mejor. Y a ello hay que dedicar esfuerzos programados proactivamente. Y eso lo deben hacer sobre todo las propias empresas industriales, para obtener nuevos modelos de negocio más adaptados a la realidad actual, más flexibles, más disruptivos y, en esencia, más competitivos y más adaptados a la cultura del cambio permanente en que estamos inmersos. No arrancar esa vía, o no dedicarle suficiente antención, puede representar el hundimiento sin más de su tradicional modelo de negocio, a manos de dos nativos generando ideas y código en un garaje…

La proactividad necesaria para incrementar el mestizaje digito-industrial, se verá reforzada además, inevitablemente, por el fenómeno emergente de la emprendeduría, como veremos en un próximo artículo en este blog.

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