Internet, un tsunami (I)

Como es sabido, Internet nació para facilitar la comunicación entre centros de investigación. Se trata pues de una herramienta de origen académico, con el inocente objetivo de compartir información y conocimiento. Con el tiempo, no obstante, Internet se ha convertido en un tsunami, capaz de destruir de la noche a la mañana (por reconversión) modelos de negocio que han estado vigentes y han sido respetables y respetados durante centenares de años.

Así, posiblemente nadie discute que Internet ha contribuido enormemente al progreso general y ha aportado soluciones increíbles en muchos ámbitos de nuestras vidas. Pero no es menos cierto que ha arrasado literalmente con la fuente tradicional de ingresos de numerosas actividades. ¡Que le pregunten si no a los artistas audiovisuales, a las productoras discográficas, a las editoriales de libros, a los servicios de correo postal, etc. etc.!

La Encyclopaedia Britannica era uno de mis más queridos y mágicos objetos de deseo en mi infancia. No era sólo por su aspecto maravillosamente múltiple y ordenado en la estantería (¡a la exacta medida!) de mi padre, con aquella mezcla única de piel y letra dorada, en 24 volúmenes exteriormente idénticos. Tampoco era únicamente por ver disfrutar a mi padre aprendiendo a entender el mundo, como él decía cuando la leía. Ayudaba también -y mucho- el misterio de su idioma, completamente incomprensible para mí en la época. No poder entender ni una palabra de la Britannica me hacía temblar ante la eventualidad de no poder llegar a entender el mundo nunca. Sobre todo si tenía que hacerlo entrando por aquella puerta…única y obligatoria según todos los indicios. Pero no hay mal que por bien no venga, y esa circunstancia (y el tesón de mi padre, todo hay que decirlo) me llevó a sumergirme en el estudio del Inglés a la temprana edad de 12 años, cosa inaudita en aquel ámbito permanentemente semirrural de la España de los sesenta…Posteriormente, la Britannica se volvió a agigantar en mi imaginación cuando supe que Borges, uno de mis autores favoritos de todos los tiempos, identificaba sin rubor la exhaustiva lectura de esa obra como una de sus principales fuentes de inspiración. En definitiva, la Britannica me inculcó ya en la infancia una idea básica: la naturaleza imprescindible del Inglés. Y un objetivo vital: intentar siempre avanzar en la comprensión del mundo…Pero eso es otra historia.

La cuestión ahora es que la Encyclopaedia Britannica se publicó por primera vez a caballo entre fin del siglo XV y principios del XVI. Su modelo de negocio, tal como lo conocí en mi infancia, se ha mantenido pues más de 300 años hasta hoy. Pero Internet lo ha barrido ahora. El 12 de marzo de este mismo año, Jorge Cauz, presidente de la publicación, anunció que dejaría de imprimirse y se conservaría únicamente la versión on line, que había arrancado en 1994. Desde ese momento, continúa siendo una lucha titánica por la sobrevivencia. De momento, los nuevos niños nativos digitales ya no verán más la piel, el oro y el papel de la Britannica en sus casas. Pero tampoco sabemos si en el futuro inmediato también dejaremos de poder acceder a la Britannica on line.

Efectivamente, la batalla no ha terminado aún. El modelo de negocio de la Britannica impresa ha caído porque Internet ha abaratado extraordinariamente el acceso al conocimiento enciclopédico, al ser la edición y distribución digital de este tipo de obras espectacularmente más baratas que la edición en papel. Y ahora la Britannica tiene su edición digital. Pero ¿hasta cuándo?

La realidad que me interesa destacar aquí es que Internet no sólo abarata los procesos tradicionales, es decir, no convierte la edición tradicional en edición digital, continuando con edición en todo caso. Internet va mucho más allá. Genera modelos completamente nuevos. En el caso de la Britannica on line, las enciclopedias colaborativas tipo wiki y los buscadores que proporcionan todo tipo de información, a coste virtualmente cero para el usuario, son competidores difíciles de batir. A efectos de modelo de negocio, la Britannica reproduciendo el trabajo remunerado de reconocidos escritores individuales, comparado con la wikipedia de colaboración abierta, no remunerada y que podemos consultar en nuestros smartphones, se parece como un huevo a una gallina…¿Conseguirá el primer modelo sobrevivir y cohabitar con el segundo? Sinceramente, lo veo poco probable. La única posibilidad es que la Britannica se reinvente a sí misma, alejándose cuanto más mejor de replicar exactamente el modelo tradicional de la enciclopedia de la época pre-Internet, aunque sea empleando las mejoras de procesos que aporta lo digital. La enciclopedia Encarta, de Microsoft, era eso y también cayó. Cuando se quiere innovar con Internet, hay que innovar completamente, casi partiendo desde cero y cuestionando totalmente todo lo hecho hasta ahora. Hay que montar de nuevo todas las piezas, a su vez nuevas también en la mayoría de ocasiones. La historia está llena de ejemplos mostrando que los modelos que no lo hacen así son exclusivamente de transición y acaban cayendo.

Queda para un artículo futuro comentar sobre las empresas que, teniendo hoy un modelo de negocio tradicional exitoso, deben enfrentarse inevitablemente contra la potencia ineludible del tsunami Internet.

Safe Creative #1209162349685

Anuncios

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s